A medida que atravesamos las distintas etapas de la vida, nuestra personalidad sufre numerosos cambios duraderos.
Este proceso es una parte inevitable de la experiencia humana a la que nadie puede escapar, por mucho que lo intente. Algunas personas permanecen en determinadas etapas más tiempo que otras.
Curiosamente, estas etapas de la vida no están ligadas a la edad de una persona.
Puedes entrar en cualquiera de estas etapas a cualquier edad, ya que la edad es irrelevante en este caso.
Carl Jung, psiquiatra y psicoanalista suizo, uno de los pensadores más influyentes de la psicología, destaca que estas etapas dependen de nuestra personalidad individual y de los caminos que debamos tomar.
Para saber más sobre la fase actual de tu vida, echa un vistazo a estos símbolos y elige el que más te atraiga.
Confía en tu intuición y no analices los símbolos con demasiada intensidad.
Deja que tus instintos y tu subconsciente tomen la decisión correcta y sigue ese camino.
Una vez que hayas encontrado el símbolo que te resulte personalmente importante, desplázate hacia abajo para saber más sobre su significado.
1. La etapa deportiva

La más inmadura de todas las fases de la vida, que suele darse en personas que se encuentran en la fase del atleta, se caracteriza por el egocentrismo y el narcisismo.
En este periodo, las personas se obsesionan excesivamente con su aspecto y su figura, mientras que todo lo demás pasa a un segundo plano. Debido a su inmadurez, viven esta fase como si todo el universo girara únicamente en torno a ellas.
Son ciegos ante las luchas de los demás y, dado que esta fase también se caracteriza por el egoísmo, realmente no les interesa saber nada al respecto.
Irónicamente, además del narcisismo, la autocrítica y una baja autoestima son características esenciales de esta fase.
A pesar de los extremos contrastes, estos dos aspectos suelen ir de la mano en la fase del atleta.
O bien la persona tiene un ego desmesurado que es imposible de vaciar, o bien sufre de falta de confianza en sí misma. Constantemente piensan en su aspecto y en si han cometido errores en su presentación.
A menudo son los adolescentes los que se quedan estancados en esta fase, pero también pueden verse afectados aquellos que han sido criados por narcisistas.
Los primeros tienden más al egocentrismo, mientras que los segundos son más propensos a la autocrítica.
2. La fase del guerrero

Una vez superada la fase deportiva, suele comenzar la fase del guerrero.
Esta fase conlleva una mayor madurez, ya que las personas aprenden que son responsables de las consecuencias de sus actos y también reconocen su responsabilidad hacia los demás.
La fase del guerrero marca el inicio del aprendizaje. Aprendemos a aplicar los conocimientos que hemos adquirido para mejorarnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.
Algunas lecciones pueden ser duras, pero son imprescindibles.
El éxito, las ambiciones y el impulso por alcanzar metas personales también caracterizan esta fase.
La denominación «fase del guerrero» no es casual, ya que aquí aprendemos a convertirnos en auténticos luchadores.
Comenzamos a centrarnos en el propósito de nuestra vida y en los caminos para alcanzar ese objetivo.
Poco a poco se van concretando nuestros planes de futuro y experimentamos un importante crecimiento personal.
En esta fase, nos impulsa la motivación de ponernos a prueba para ver cómo nuestros planes se hacen realidad, y la sabiduría adquirida tendrá más adelante un valor incalculable.
3. La fase de explicación

La fase de la explicación, en la que maduramos a pasos agigantados, nos lleva mucho más lejos que las dos fases anteriores, y puede resultar difícil asimilar todos estos cambios de golpe.
Esta etapa de la vida está destinada a que traigas al mundo a tus propios hijos.
En la fase anterior has aprendido a asumir la responsabilidad de ti mismo y de los demás, por lo que ahora ha llegado el momento de asumir el cuidado de otra vida.
Esta etapa puede dar miedo, pero también es muy emocionante.
No se trata solo de tener hijos y educarlos correctamente, sino también de reflexionar sobre el legado que deseas dejar.
Te darás cuenta de lo importante que es dejarles un legado del que puedan sentirse orgullosos.
Por eso, es hora de reflexionar sobre tus logros hasta ahora y pensar en cómo han marcado tu vida y, sobre todo, la vida de aquellos que te importan.
Aunque quieres que tus hijos te honren, también aspiras a ser el padre o la madre de quien se sientan orgullosos, y estás dispuesto a hacer los cambios necesarios para lograrlo.
4. La fase espiritual

En la última fase que se experimenta en esta vida, llegamos a la fase del espíritu.
Ahora nos damos cuenta de que en el universo hay más que solo las cosas que encontramos en este mundo material.
Aunque la riqueza, las relaciones, los objetos bellos y los logros eran importantes, tu espiritualidad comienza a superar todo lo demás. Ahora, más que nunca, sientes tu conexión con el universo.
Nuestra conciencia se expande lentamente hacia la unidad con el espíritu que todo lo impregna, y nos damos cuenta de que no somos más que seres energéticos que viajan por el espacio.
Dado que la vida está compuesta de energía, no tiene ni principio ni fin. Pase lo que pase, el viaje debe continuar.
Una vez que hayas entrado en la paz profunda del espíritu, tu vida se orientará a hacer brillar tu luz en los lugares más oscuros y a actuar con compasión, sin esperar nada a cambio.
Te darás cuenta de que enseñas y guías a otros para que ellos también entren en esta fase que tú tienes la bendición de poder experimentar. Es un final, pero al mismo tiempo un nuevo y gozoso comienzo.
